Tenemos una nueva visión de las áreas protegidas, que se origina en considerarlas espacios estratégicos para los países, porque son indispensables para su crecimiento, su futuro desarrollo y para la búsqueda de condiciones de vida adecuadas dentro de su territorio, además de constituir una de las principales opciones en la protección del patrimonio natural. En particular notamos que:
Cuando las áreas protegidas, en cualquiera de sus modalidades de implementación, se superponen ante tierras o territorios indígenas, se deben reconocer los derechos fundamentales de las comunidades locales, tales como la territorialidad, las formas de autonomía, la gestión, el uso y el manejo de los recursos en ellas existentes.
Las dimensiones espirituales y estéticas, el potencial de la naturaleza para estimular la fuerza creadora e innovadora de nuestros pueblos, así como su contribución al desarrollo del individuo, deben constituirse en valores más apreciados en el futuro.Espacios núcleo: parques nacionales y otras áreas con categoría de protección estricta.
Al aceptar, como es evidente, el hecho de que las áreas protegidas son esenciales para la vida actual y futura de los países, será necesario adoptar soluciones acordes con su carácter estratégico, como la conformación de zonas para la conservación de la biodiversidad y para el mantenimiento de la oferta ambiental. Con este propósito y dentro del proceso de concertación con las comunidades locales, especialmente las indígenas, los diseños y el manejo de los sistemas de áreas protegidas deben ampliarse para incluir los siguientes componentes:
Bioregiones: espacios a escala de ecosistemas, en los que se incluyen los espacios núcleo, para los cuales se deben establecer, en forma descentralizada, acuerdos voluntarios de cooperación entre los sectores interesados y los afectados. El concepto de reservas de la biosfera y el manejo de las zonas de amortiguamiento pueden utilizarse como mecanismos institucionales para dicho propósito.
Corredores: ligando las bioregiones con espacios lineales de diversidad biológica, que permitan dar paso a la diseminación de la flora y a la migración de la fauna, para predisponer su adaptación a las consecuencias de los cambios de clima.
Redes en todos los niveles: repitiendo estas figuras en los niveles locales, nacionales, regionales y continentales, hasta cubrir todos los países y las subregiones de América.
Restauración: partiendo de redes así concebidas, suelen preservarse la flora y la fauna disponibles en cada territorio, lográndose restablecer y enriquecer los recursos bióticos y los servicios ecosistémicos.
Sistemas de Áreas Protegidas: conjuntos integrales de áreas nacionales bajo protección, los cuales abarcan diversos niveles administrativos y de gestión, incluyendo a los gobiernos nacional, provincial y local, a los organismos no gubernamentales, a las comunidades campesinas, a las poblaciones indígenas, al sector privado y a otros sectores afectados o interesados.
Las tendencias actuales en la mayoría de nuestros países demuestran que:
En el marco del modelo económico de libre mercado, la mayor participación del sector privado en el desarrollo económico se reflejará, de manera creciente, en la gestión de las áreas protegidas, especialmente a través del uso turístico y del uso sostenible de ciertos recursos naturales. La posibilidad de que esto puede afectar la integridad y los objetivos planteados en dichas áreas, obligará a realizar esfuerzos adicionales para normar y supervisar tales acciones.
Cada vez más los sistemas de áreas protegidas encontrarán mayores limitaciones financieras para cumplir con las inmensas tareas y responsabilidades que tienen asignadas.
Los ministerios e instituciones gubernamentales continuarán fortaleciendo su papel en la creación, planificación y manejo de las áreas protegidas, con la creciente participación de las ONG, las empresas privadas y las comunidades locales, especialmente en materia de cogestión. Sin embargo, en la mayoría de los países no se espera una mayor dotación de personal para el sector ambiental, aun cuando se reconozca que su carencia es un obstáculo para consolidar y mejorar el manejo de las áreas protegidas.
Tal como ha ocurrido en los últimos cinco años, el número de unidades de conservación y extensión de los sistemas de áreas protegidas continuará ampliándose, a lo cual contribuirán las iniciativas de la sociedad civil y del sector privado.
La cobertura ecológica de los sistemas seguirá extendiéndose por las razones ya mencionadas, aunque las nuevas áreas serán de superficie más reducida. Esto obligará a realizar esfuerzos adicionales para lograr su interconexión ecológica y un mayor conocimiento de los ambientes y de los sitios prioritarios para la conservación de la diversidad biológica, siendo necesario contar con una estrategia que oriente y regule este proceso.
Sin embargo, los sitios considerados patrimonio natural y cultural del mundo no están recibiendo suficiente atención en los países de la región, especialmente donde ya se presentan graves amenazas que afectan su integridad.
En la región se observa como característica reiterativa, un mayor grado de desarrollo y conocimiento acerca del manejo de la diversidad biológica terrestre, en comparación con la costero-marina.
La sociedad continuará apreciando los valores espirituales y culturales de las poblaciones nativas y las oportunidades para recrearse, educarse e investigar en ambientes naturales.
El diálogo con los pueblos indígenas, basado en el reconocimiento de su importante papel en la conservación del medio ambiente, está ampliando las posibilidades de cooperación entre comunidades y gobierno, con miras a asegurar que el manejo de sus tierras o territorios siga contribuyendo a la conservación de la biodiversidad, al tiempo que se logra garantizar sus legítimos derechos e intereses.